Cap. 16 - La Ley Divina (La Ley de Dios)
                 El poder de la Ley Divina
                 El mandamiento de amor de Dios en la Obra Espiritualista
                 El desacato a los mandamientos divinos y sus consecuencias
                 El cumplimiento del mandamiento supremo
Cap. 17 - La nueva forma de rendir culto a Dios
                 La evolución del culto de adoración
                 Oraciones simuladas, vacías de devoción y fe
                 La oración verdadera
                 Los cuatro aspectos de la oración verdadera
                 La íntima y espontánea oración sin palabras
                 La oración diaria
                 El día de descanso como jornada de reflexión
                 Pedid, que se os concederá
                 La bendición de la intercesión
                 La necesidad de la oración
                 Los efectos benéficos de la practica de oración
                 El poder de la oración
                 Amor a Dios y al prójimo como veneración a Dios
                 La plática de conciencia entre Dios y el hombre
Cap. 18 - Obras de caridad y significado central del amor
                 La gracia retroactiva de las buenas obras
                 Beneficencia verdadera y falsa
                 Actos de amor, espirituales y materiales
                 El significado integral del amor
                 El alto poder del amor

IV. LA LEY, AMOR A DIOS Y AL PRÓJIMO

Capítulo 16 – La Ley Divina (La Ley de Dios)

El poder de la Ley Divina           

1. Hay muchos hombres que juzgan fuera de época mi Doctrina, mas es porque su materialidad no les permite descubrir el sentido eterno de mis lecciones.

2.    Mi Ley es inmutable; son los hombres los que pasan, con sus culturas, sus civilizaciones y sus leyes, quedando de todo ello sólo lo que el espíritu ha construido con sus obras de amor y caridad. Él es quien después de cada jornada, de cada prueba, al interrogar al Arcano, contempla la piedra inconmovible de mi Ley y el libro siempre abierto que contiene la Doctrina del Espíritu. (104, 31 – 32)

3.    Sobre todos los hombres he derramado mi luz revelándoles la única verdad existente, pero ya miráis cómo cada hombre y cada pueblo, siente, piensa, cree e interpreta de diversa manera.

4.    Estos diferentes modos de pensar de los hombres, han originado sus divisiones, ya que cada pueblo o raza sigue diferentes caminos y alimenta distintos ideales.

5.    La mayoría se ha alejado del sendero luminoso y verdadero, creyendo que el dar cumplimiento a la Ley divina implica sacrificios, renunciaciones y esfuerzos sobre-humanos, prefiriendo crear para ellos mismos religiones y sectas, cuyo cumplimiento y prácticas les sean más fáciles de desempeñar, creyendo calmar así las necesidades de luz y elevación que en su espíritu sienten.

6.    Muchos siglos y muchas eras han pasado sin que los hombres se den cuenta de que no es un sacrificio humano el cumplimiento de mi Ley y que, en cambio, sí sacrifican carne y espíritu en el mundo al rehuir a mis mandamientos. No se han dado cuenta, no han querido comprender que, quien cumple con mi palabra, tiene que encontrar la verdadera felicidad, la paz, la sabiduría y la grandeza que de tan diferente manera conciben los hombres materializados.

7.    El mundo moral y científico que os rodea, ha sido la obra de hombres de ideales materiales, de hombres que sólo han buscado el mejoramiento material de la humanidad y Yo les he permitido hacer su obra, llevarla hasta su límite, conocer sus resultados y recoger sus frutos para que en ello puedan recoger la luz de la experiencia. En esa luz se manifestará mi justicia, y en esa justicia estará presente mi Ley que es el Amor. (313, 60 – 64)

8.    Si Yo conviniese con vosotros que aplicaseis mi doctrina a vuestra vida según vuestra voluntad y no según la mía, de cierto os digo que jamás saldríais de vuestro estancamiento espiritual y nunca permitiríais a vuestro espíritu su desenvolvimiento, su desarrollo y perfeccionamiento.

9.    Ahí tenéis a la humanidad aletargada en sus religiones, sin dar un paso hacia la luz, porque no se han sometido a lo que ordena la divina ley, sino que han tratado de someter la ley a su voluntad, llenándola de mitos y de errores.

10. Ha sido menester que muchos hombres de este tiempo se emancipen de toda religión para poder buscarme con el espíritu y poder desarrollar todo aquellos atributos, dones y potencias, que sienten latir en lo más íntimo de su ser. (205, 6 – 8)

El mandamiento de amor de Dios en la Obra Espiritualista           

11.  Es vuestro Dios quien os habla, mi voz es la Ley; hoy la escucháis nuevamente sin que sea necesario labrarla en piedra, ni tener que enviaros a mi Verbo encarnado entre vosotros. Es mi voz divina la que llega a vuestro espíritu y le revela el principio de una era en la cual el hombre se justificará, se reconciliará con su Creador y se purificará como está escrito. (15, 8)

12. La lección perfecta os dí a través de Jesús. Analizad mi paso por el mundo en cuanto hombre desde el nacimiento hasta la muerte y tendréis explicado el amor en forma viva y perfecta.

13. Yo no vengo a pediros que seáis iguales a Jesús, porque en Él hubo algo que vosotros no podéis alcanzar; Ser perfecto en cuanto hombre; ya que quien estuvo en Él fue el mismo Dios en forma limitada, pero sí os digo que debéis imitarle.

14. Mi Ley eterna os ha hablado siempre de ese amor. Os dije en los primeros tiempos: "Amarás a Dios de todo corazón y espíritu", "amarás a tu prójimo como a ti mismo".

15. Mas tarde os dí estas inspiraciones: "Amad a vuestros hermanos como el Padre os ha amado", "amáos los unos a los otros".

16. En este tiempo os he revelado que améis a Dios antes que a todo lo creado, que améis a Dios en todo lo existente y a lo existente en Dios; que practiquéis caridad y más caridad con vuestros hermanos para que veáis al Padre en todo su esplendor, porque la caridad es amor. (167, 15 – 19)

17. Ni siquiera os digo que esta Doctrina Espiritualista será la religión mundial, porque nunca he entregado religión, sino ley; Yo sólo me concreto a deciros que la ley que triunfará en la Tierra, estableciéndose en ella para iluminar la existencia de los hombres, será la Ley del amor que con mi Doctrina os he explicado para que la conozcáis plenamente.

18. La humanidad aún hará muchas falsas obras de amor y caridad, mientras aprende a amar y hacer la caridad verdadera, y muchos aún tendrán que andar de religión en religión, hasta que su espíritu se eleve en  conocimientos y lleguen a comprender que la Ley única, la Doctrina Universal y eterna del espíritu, es la del amor, a la cual todos llegarán.

19. Todas las religiones desaparecerán y sólo quedará brillando dentro y fuera del hombre, la luz del Templo de Dios, en el cual rendiréis todos un solo culto de obediencia, de amor, de fe y buena voluntad. (12, 63 – 65)

El desacato a los mandamientos divinos y sus consecuencias           

20. En esta alba de conmemoración os pregunto ¿Qué habéis hecho de la Ley que por conducto de Moisés envié a la humanidad? ¿Acaso esos mandamientos fueron dados solamente para los hombres de aquel tiempo?

21. En verdad os digo que aquella bendita simiente no está en el corazón de los hombres, porque no me aman, ni se aman los unos a los otros; no honran a sus padres ni respetan lo ajeno y sí, en cambio, se quitan la vida, adulteran y se causan deshonra.

22. ¿No escucháis en todos los labios la mentira? ¿No os habéis dado cuenta de cómo un pueblo le roba la paz a otros pueblos?... y sin embargo, la humanidad dice conocer mi Ley. ¿Qué sería de los hombres si olvidasen por completo mis mandatos? (15, 1 – 3)

23. En el Segundo Tiempo, habiendo penetrado Jesús en Jerusalén, encontró que el templo, el lugar consagrado para la oración y el culto, había sido convertido en mercado, y el Maestro lleno de celo arrojó a los que así profanaban diciéndoles: "La casa de mi Padre no es lugar de comercio". Estos eran menos culpables que los encargados de guiar al espíritu de los hombres en el cumplimiento de la ley de Dios. Los sacerdotes habían convertido el templo en un lugar donde reinaban las ambiciones y la grandeza, y ese reinado fue destruido.

24. Hoy no he tomado látigo para castigar a los que profanan mi ley, he dejado que las consecuencias de sus propias faltas se hagan sentir en la humanidad para que sepan interpretar su sentido y comprendan que mi ley es inflexible e inmutable. He señalado el camino al hombre, camino recto y si de él se aparta, se expone a los riesgos de una ley justa porque en ella se manifiesta mi amor. (41, 55 – 56)

25. Vengo a reconstruir mi templo, un templo sin muros ni torres, porque está en el corazón del hombre.

26. La Torre de Babel, aún divide a la humanidad, mas sus cimientos serán destruidos en el corazón de los hombres.

27. La idolatría y el fanatismo religioso, han elevado también sus altas torres, pero ellas son endebles y tendrán que caer.

28. En verdad os digo que mis leyes tanto divinas como humanas son sagradas y ellas mismas juzgarán al mundo.

29. No cree la humanidad ser idólatra y en verdad os digo, que está adorando todavía al "becerro de oro". (122, 57)

30. Ha vuelto el caos porque la virtud no existe, y donde no hay virtud no puede haber verdad. No es que la Ley que el Padre confiara a Moisés no tuviera fuerza, ni que la Doctrina de Jesús sólo fuera aplicable a los tiempos pasados. Una y otra en su esencia son leyes eternas, mas reconoced que son como una fuente de cuyas aguas no se obliga a beber a nadie, sino que todo el que se acerca a ese manantial de amor lo hace por su propia voluntad. (144, 56)

31. Interpretad justamente mi enseñanza, no penséis que mi Espíritu pueda gozar viendo vuestros sufrimientos en la Tierra, o que Yo venga a privaros de todo lo que os es grato, para gozarme con ello. Yo vengo a haceros reconocer y respetar mis leyes, porque son dignas de vuestro respeto y de vuestro acatamiento y porque obedecerlas, os traerá la felicidad.

32. Os enseñé a dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, mas para los hombres de hoy sólo existe el César y a su Señor nada tienen que ofrecerle. Y si al menos le dieseis al mundo lo justo, vuestras penas serían menores; pero el César que habéis puesto delante de vuestras acciones, os ha dictado leyes absurdas, os ha convertido en esclavos y os quita la vida sin daros nada en compensación.

33. Estudiad cuán distinta es mi Ley, que no ata al cuerpo ni al espíritu; sólo os persuade con amor y os guía con dulzura; todo os lo da sin interés y egoísmo y todo lo premia y os lo compensa a lo largo del camino. (155, 14 – 16)

El cumplimiento del mandamiento supremo           

34. Si os dijo el Señor: "Amarás a Dios de todo corazón y espíritu y a tu semejantes como a ti mismo", y si el Maestro os predicó la Doctrina del amor, esta voz espiritual que proviene de la misma fuente, viene a deciros que os abracéis a la Ley del Amor, porque ella tiene una fuerza que no encontraréis en los mayores ejércitos del mundo, y que sus conquistas serán firmes y duraderas, porque todo lo que construyáis sobre cimientos de amor, tendrá vida eterna. (293, 67)

35. Os estoy demostrando la vida verdadera del espíritu, para que no viváis bajo injustas amenazas, que no cumpláis con mi Ley sólo por el temor al castigo del que os han hablado, los que no han sabido interpretar mi palabra.

36. Tomad mi ley, no es complicada ni difícil de entender. Todo el que la conoce y se rige por ella, no se confunde ni da cabida a palabras o pronósticos falsos, a ideas erróneas ni a malas interpretaciones.

37. Mi ley es sencilla, señala siempre el camino que debéis de seguir, confiad en Mí. Yo soy el camino que os conducirá a la ciudad blanca, la tierra prometida, la cual tiene abiertas sus puertas, esperando vuestra llegada. (32, 9)

38. ¿Hasta cuándo vais a convenceros de que sólo en el cumplimiento de mi ley podéis encontrar la salud, la felicidad y la vida?

39. Reconocéis que en la vida material existen principios a los que tenéis que apegaros para poder sobrevivir; pero os habéis olvidado de que también en lo espiritual hay principios que es necesario respetar, para que el hombre logre disfrutar de la fuente de vida eterna que existe en lo divino. (188, 62)

40. Recordad que sólo Yo soy vuestra salvación. En los tiempos pasados, en los presentes y en los venideros, mi Ley fue, es y será el camino y guía de vuestro espíritu.

41. Benditos sean los que confíen en mi Ley porque jamás se perderán en las encrucijadas del camino. Llegarán a la Tierra Prometida y entonarán el himno del triunfo. (225, 31 – 32)

42. Yo sé que mientras mayor sea vuestro conocimiento, más grande será vuestro amor hacia Mí.

43. Cuando os digo: "Amadme", ¿Sabéis qué es lo que quiero deciros? Amad la verdad, amad la vida, amad la luz, amaos los unos a los otros, amad la vida verdadera. (297, 57 – 58)

44.   Quiero que como Yo os amo, os améis los unos a los otros, y también a vosotros mismos, porque os he concedido no sólo la guía y dirección de una porción, sino que el primer deber que tenéis para Conmigo es velar por vosotros mismos; debéis amaros, reconociendo que sois la imagen viva de vuestro Creador. (133, 72)

45. La misión que he encomendado a mi pueblo en la Tierra, es grande y muy delicada; por eso lo he buscado en cada era, para inspirarlo con mi palabra y revelarle algo más del contenido de la ley.

46. La ley de amor, de bien y de justicia, ha sido la herencia espiritual que en todos los tiempos le he traído. De lección en lección he llevado a la humanidad a la comprensión de que la ley se puede resumir en un solo mandamiento: Amor. Amad al Padre, que es el autor de la vida, amad al hermano, que es parte del Padre, amad a todo cuanto ha creado y ordenado el Señor.

47. El amor es causa, principio, simiente de sabiduría, de grandeza, de fuerza, de elevación y de vida. Ese es el verdadero camino que ha trazado el Creador al espíritu, para que de peldaño en peldaño y de morada en morada vaya sintiendo cada vez más el acercamiento a Mí.

48. Si el hombre desde el principio de los tiempos hubiese hecho del amor espiritual un culto, en lugar de caer en ritos idólatras y en el fanatismo religioso, este mundo, hoy convertido en valle de lágrimas por la angustia y miseria de los hombres, sería un valle de paz, en el cual los espíritus vendrían a hacer méritos, para alcanzar después de esta vida aquellas moradas espirituales a donde el espíritu en su camino de elevación debe penetrar. (184, 35 – 38)


Capítulo 17 – La nueva forma de rendir culto a Dios

La evolución del culto de adoración           

1.  Con cuánta lentitud camina la humanidad hacia la perfección en su culto a Dios.

2. Siempre que vengo a vosotros con una nueva lección, os parece demasiada adelantada para vuestra evolución, mas comprended que os confío una era para que a lo largo de ella la podáis comprender y asimilar en vuestra vida. (99, 30 – 31)

3. Las víctimas que ofrecisteis ante el altar de Jehová, fueron recibidas por Él; mas no era la forma más adecuada para elevar vuestro espíritu al Señor; fue entonces cuando llegué a vosotros como Jesús para enseñaros el divino mandamiento que os dice: "Amaos los unos a los otros".

4. Os digo ahora que las lecciones que os enseñé en el Segundo Tiempo a través de las obras de Jesús han sido alteradas unas veces y otras mal interpretadas; por ello he venido como os lo anuncié, para esclareceros mi verdad. Mi sacrificio de aquel tiempo impidió el sacrificio de muchas víctimas y os enseñé un culto más perfecto.

5. Mí nueva manifestación de este tiempo hará que la humanidad comprenda que las formas simbólicas no debéis tomarlos sin analizar antes su significado, ya que ellas tan sólo son una representación de mis lecciones. (74, 28)

6. La oración es el medio espiritual que he inspirado al hombre para comunicarse con mi Divinidad, por eso ella se manifestó desde un principio en vosotros como un anhelo, como una necesidad del espíritu, como un refugio en las horas de prueba.

7. El que no conoce la verdadera oración, no conoce los deleites que ella encierra, no sabe la fuente de salud y de bienes que en ella se encuentran; siente el impulso de acercarse a Mí, de hablarme y presentarme su petición; pero, careciendo de espiritualidad, le parece tan pobre la ofrenda de elevar tan sólo el pensamiento, que busca al instante algo material que ofrecerme, creyendo que con ello me halaga mejor.

8. De esta manera la humanidad ha ido cayendo en idolatría, en fanatismo, en ritos y cultos externos, ahogando a su espíritu y privándolo de aquella bendita libertad de orar directamente a su Padre. Sólo cuando el dolor es muy intenso, cuando la pena llega a los límites de las fuerzas humanas, es cuando el espíritu, olvidando formas y derribando ídolos, se liberta y se eleva para gritar desde lo más profundo: "Padre mío, Dios mío".

9. ¿Veis en este tiempo de materialismo a los pueblos ocupados en hacerse la guerra unos a otros? Pues Yo os digo que ahí, en medio de esas guerras, muchos hombres han encontrado el secreto de la oración, aquella que nace del corazón para llegar a Mí como un llamado imperioso, como una queja, como una imploración.
10. Cuando han visto surgir a su paso el milagro pedido, han sabido que no existe otra forma de hablar a Dios como no sea con el lenguaje del espíritu. (261, 22 –24 y 27)

Oraciones simuladas, vacías de devoción y fe           

11.  La oración es una gracia que Dios ha entregado al hombre para que le sirva de escala para elevarse, de arma para defenderse, de libro para instruirse y de bálsamo para ungirse y sanar de todo mal.

15. La verdadera oración ha desaparecido de la Tierra, los hombres ya no oran, y cuando intentan hacerlo, en vez de hablarme con el espíritu, lo hacen con los labios, empleando palabras vanas, ritos y artificios. ¿Cómo van a contemplar prodigios los hombres, empleando formas y haciendo prácticas que no enseñó Jesús?

16. Es menester que vuelva la verdadera oración entre los hombres, y soy Yo quien nuevamente vine a enseñárosla. (39, 12 – 14)

17. Enseñad a orar, haced comprender a vuestros hermanos que es su espíritu el que debe comunicarse con su Creador, que comprendan que casi siempre sus oraciones son el grito de la materia, la expresión de la angustia, la prueba de su falta de fe, de su inconformidad o de su desconfianza hacia Mí.

18. Haced comprender a vuestros hermanos que no necesitan mortificar o lacerar su cuerpo para conmover a mi Espíritu, para despertar mi piedad o mi caridad. Quienes se procuran sufrimientos y penitencias corporales, es porque no tienen la menor noción de cuáles son las ofrendas más agradables para Mí, ni tienen idea de mi amor ni de la misericordia de vuestro Padre.

19. ¿Creéis que sea necesario para Mí, ver en vuestros ojos las lágrimas y en vuestro corazón el dolor, para apiadarme de vosotros? Eso sería atribuirme dureza, insensibilidad, indiferencia, egoísmo, y, ¿Concebís estos defectos en el Dios que amáis?

20. ¡Cuán poco os habéis preocupado por conocerme! Es porque no habéis educado a vuestra mente para que piense de acuerdo con el espíritu. (278, 17 – 20)

21. Hoy, dejad por unos instantes la Tierra y venid a Mí en espíritu.

22. Por muchos siglos ha equivocado la humanidad la forma de orar, por lo que no ha fortalecido ni ha iluminado el sendero de su vida con mi amor, ya que ha orado con sus sentidos y no con su espíritu.

23. La idolatría, a la que tan inclinado es el hombre, ha sido como un veneno que no le ha dejado saborear los deleites espirituales de la oración interior.

24. ¡Cuánta miseria han arrastrado los hombres, tan sólo por no saber orar! Y es natural, discípulos: ¿Qué fortaleza espiritual puede tener un ser humano, para resistir las pruebas de la vida, si no hace nada por aproximarse a la fuente de vida que existe en mi Espíritu? Me busca en los abismos, en las sombras, pudiendo elevarse para encontrarme en las cumbres, entre la luz.

25. ¡Ah, si los hombres de este tiempo comprendiesen el poder de la oración, cuántas obras sobrehumanas, realizarían! Pero viven una época de materialismo, en el que hasta lo divino tratan de materializarlo para tocarlo y poderlo ver. (282, 61 – 64)

La oración verdadera           

26. Yo bendigo a los que oran, mientras más espiritual es su oración, mayor es la paz que les hago sentir.

27. Esto os lo podéis explicar fácilmente, porque aquél que para hacer oración necesita postrarse delante de imágenes u objetos para sentir la presencia de lo divino, no podrá experimentar la sensación espiritual de la presencia del Padre en su corazón.

28. "Bienaventurados los que sin ver, creen", dije en aquel tiempo y ahora lo digo nuevamente, porque el que cierra sus ojos para lo del mundo, los abre para lo espiritual y quien tiene fe en mi presencia espiritual, tiene que sentirla y gozar con ella.

29. ¿Hasta cuándo dejará esta humanidad de privar a su espíritu del deleite de sentirme en su corazón, por medio de la oración directa o lo que es lo mismo, por medio de la oración de espíritu a Espíritu? Hasta que sea mi luz la que ilumine la vida de los hombres, conozcan la verdad y comprendan sus errores.

30. Este es tiempo para orar y meditar; pero con oración libre de fanatismo y de idolatría y con meditación serena y profunda en mi divina palabra.

31. Todas las horas y todos los sitios pueden ser propicios para orar y meditar; nunca os dije en mis enseñanzas, que hubiesen lugares o momentos destinados para orar siendo vuestro espíritu más grande que el mundo que habitáis? ¿Por qué limitarme en imágenes y en sitios tan limitados siendo Yo infinito?

32. La razón más grande de la pobreza espiritual de los hombres y de sus vicisitudes terrestres, es la forma imperfecta de orar, por lo que os digo que es necesario que este conocimiento llegue a toda la humanidad. (279, 2 – 7)

33. No siempre oráis con la misma preparación, de ahí que tampoco experimentéis siempre la misma paz o la misma inspiración.

34. Hay ocasiones en que lográis inspiraros y elevar el pensamiento, y hay otras en que estáis completamente indiferentes. ¿Cómo queréis recibir siempre en la misma forma mis mensajes? Debéis educar vuestra mente y aún a vuestro cuerpo a colaborar con el espíritu en los momentos de la oración.

35. El espíritu siempre está dispuesto a comunicarse conmigo, pero requiere de la buena disposición de la materia para poder elevarse y liberarse en aquellos instantes, de todo cuanto en su vida terrestre le rodea.

36. Esforzaos por lograr la verdadera oración, porque quien sabe orar, lleva en sí la llave de la paz, de la salud, de la esperanza, de la fuerza espiritual y de la vida eterna.

37. El escudo invisible de mi ley le protegerá, contra las acechanzas y peligros, llevará en sus labios una espada invisible para abatir a cuantos adversarios se opongan a su paso; un faro de luz alumbrará su ruta en medio de las tormentas; un prodigio constante estará a su alcance siempre que necesite de él, ya sea para sí mismo o para beneficio de sus hermanos.

38. Orad, practicad ese sublime don del espíritu, porque esa fuerza será la que mueva la vida de los hombres del futuro, aquéllos que alcanzarán en materia la comunicación de espíritu a Espíritu.

39. Los padres de familia se inspirarán a través de la oración para conducir a sus hijos.

40. La salud la recibirán los enfermos por medio de la oración. Los gobernantes resolverán sus grandes problemas, buscando la luz con la oración, y el hombre de ciencia recibirá las revelaciones también por medio del don de la oración. (40, 40 – 47)

41. Discípulos, en el Segundo Tiempo mis apóstoles me preguntaron cómo debían orar, les enseñé la oración perfecta, que vosotros llamáis el ¡Padre Nuestro!

42. Ahora os digo a vosotros: inspiraos en esa oración, en su sentido, en su humildad y en su fe, para que vuestro espíritu se comunique con el mío, porque no serán ya los labios materiales los que pronuncien aquellas benditas palabras, sino el espíritu el que me hable con su propio lenguaje. (136, 64)

43. No dejéis que sean solamente los labios los que me llamen "Padre", porque muchos soléis hacer esto maquinalmente. Quiero que cuando digáis Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea tu nombre que esa oración brote de lo más puro de vuestro ser, meditando cada una de sus frases para que luego quedéis inspirados y en perfecta comunión Conmigo.

44. Yo os enseñé la palabra poderosa, maestra, aquella que verdaderamente acerca al hijo hacia su Padre. Al pronunciar con unción y respeto, con elevación y amor, con fe y esperanza la palabra Padre, las distancias desaparecen, los espacios se acortan, porque en ese instante de comunicación de espíritu a Espíritu, ni Dios está lejos de vos, ni vosotros os encontráis lejos de Él. Orad así y en vuestro corazón recibiréis a manos llenas el beneficio de mi amor. (166, 52 – 53)

Los cuatro aspectos de la oración verdadera           

45. Luchad, luchad, para alcanzar la perfección espiritual. Yo os he mostrado el camino para llegar a esa meta. Os he confiado la oración como el arma más fuerte que cualquier arma material, para defenderos de las acechanzas en el camino, pero la mejor arma la tendréis cuando cumpláis con mi Ley.

46. ¿En qué consiste la oración? La oración es petición, intercesión, adoración y contemplación. Todas sus partes son necesarias y una brota de la otra, porque en verdad os digo que la petición consiste en que el hombre me ruega le conceda sus deseos, le satisfaga anhelos, lo que él cree más importante y sano en su vida, y en verdad os digo mis hijos, que el Padre escucha la petición y da a cada uno lo que más necesita, siempre que sea para su bien. Mas cuidaos de pedir lo que esté en oposición para la salvación de vuestro espíritu; porque aquéllos que solamente piden dones materiales, goces materiales, poder temporal, están pidiendo encadenar a su espíritu.

47. Los goces materiales sólo traen sufrimiento, no solamente en este mundo, sino aún después de la transición al mundo espiritual, porque hasta allí puede llegar la influencia de esos deseos materiales, y al no poder librarse de ellos sigue atormentado por esos anhelos, y desea regresar una y mil veces a la Tierra para reencarnar y seguir viviendo materialmente. Por eso, mis hijos, pedid solamente lo que en verdad necesitéis para el bien de vuestro espíritu.

48. La segunda forma de la oración, la intercesión, brota del amor al prójimo, del amor que os enseñé como Maestro cuando vine a este mundo. Rogad por vuestros hermanos cercanos y distantes, aquéllos que en las naciones están sufriendo las consecuencias de la guerra, que están sufriendo la tiranía de los gobiernos temporales de este mundo.

49. Preparaos, ¡oh mis hijos! rogad por vuestros hermanos, pero también en esta intercesión, debéis saber pedir, porque lo que importa es el espíritu. Si vosotros tenéis a un hermano, a vuestros padres o a vuestros hijos enfermos, rogad por ellos, pero no insistáis en que se queden en esta vida, si esto no es lo que el espíritu necesita. Pedid mejor que su espíritu sea libre, que se purifique en sus sufrimientos, que el dolor propicie la elevación espiritual. Por eso, el Maestro os ha enseñado desde el Segundo Tiempo a decir: "Padre, cúmplase tu voluntad". Porque es el Padre el que sabe mejor que cualquiera de sus hijos, lo que el espíritu necesita.

50. La tercera forma de la oración, la adoración al Espíritu Divino, significa la adoración de todo lo que es perfecto, porque a través de esta forma de oración podéis uniros con la perfección, con el amor que abraza a todo el Universo. En la adoración podéis encontrar el estado perfecto que cada uno de vosotros debéis alcanzar y por la adoración llegaréis a la contemplación que, unida a la oración, os llevará a la unificación con el Espíritu Divino, a la fuente de la vida eterna, a la fuente que os da fuerza día tras día para llegar al Reino del Padre.

51. Así debéis orar, empezando con la petición hasta llegar a la contemplación. Esto es lo que os dará fuerza.

52. Cuando ya estéis bien preparados, lucharéis no sólo por vosotros sino por ayudar a vuestros hermanos a transitar en este camino. Porque no podéis alcanzar la salvación tan sólo para vosotros mismos, sino que debéis luchar para lograr la salvación de la humanidad. (358, 10 – 17)

La íntima y espontánea oración sin palabras           

53. Aquí tenéis, pueblo, la voz del Espíritu Santo, la manifestación espiritual de Dios a través de vuestro entendimiento, revelándoos no una nueva ley ni una nueva doctrina, sino una nueva forma, más adelantada, espiritual y perfecta de comunicarse con el Padre, de recibirle y de rendirle culto. (293, 66)

54. Cuántos hay que escuchan mi palabra, que se han convertido en los grandes analizadores y sin embargo, no son los mejores discípulos prácticos de mi Doctrina, no cumplen con el precepto divino que os dice: "Amaos los unos a los otros".

55. En cambio, ved cuán fácilmente se transforma aquél que pone en práctica un átomo de mi enseñanza. ¿Queréis un ejemplo?

56. Aquél que toda su vida me estuvo diciendo que me amaba a través de oraciones verbales que otros formaron, oraciones que ni siquiera comprendía, porque estaban hechas con palabras cuyo sentido no conocía; mas de pronto supo cuál era la forma verdadera de orar y haciendo a un lado sus antiguos hábitos, concentróse en el fondo de su espíritu, elevó el pensamiento hacia Dios, y por primera vez sintió aquella presencia.

57. No supo qué decir a su Señor, su pecho empezó a sollozar y sus ojos a derramar lágrimas. En su mente sólo se formó una frase que decía: "Padre mío, ¿Qué puedo decirte, si no sé hablar contigo?"

58. Pero aquellas lágrimas, aquellos sollozos, aquel gozo interior y hasta su turbación, hablaban al Padre con un lenguaje tan hermoso, como no lo podréis encontrar jamás en vuestros idiomas humanos ni en vuestros libros.

59. Esos balbuceos del hombre que comienza a orar espiritualmente con su Señor, son semejantes a las primeras palabras de los niños, las cuales son deleite y encanto para sus padres, porque escuchan las primeras expresiones de su ser que empieza a levantarse a la vida. (281, 22 – 24)

60. El espíritu elevado sabe que la palabra humana empobrece, empequeñece la expresión del pensamiento espiritual, por eso hace enmudecer los labios de la materia para elevarse y decir con el lenguaje que sólo Dios conoce, el secreto que lleve oculto en lo más íntimo de su ser. (11, 69)

61. Cuánto gozo dais a mi Espíritu, cuando veo que eleváis vuestro pensamiento buscando a vuestro Padre, os hago sentir mi presencia y os inundo de paz.

62. Buscadme, habladme, no os importe que vuestros pensamientos sean torpes para expresar vuestra petición, Yo sabré comprenderlos. Habladme con la confianza con que se habla a un Padre; confiadme vuestras quejas, como lo haríais con el último de vuestros amigos. Preguntadme lo que no sepáis, todo lo que ignoréis y Yo os hablaré con palabra de Maestro; pero orad, para que en aquel bendito instante en que vuestro espíritu se eleve hacia Mí, recibáis la luz, la fuerza, la bendición y la paz que os concede vuestro Padre. (36, 15)

63. Contadme en silencio vuestras penas, confiadme vuestros anhelos. Aunque todo lo sé, quiero que vayáis aprendiendo a formar vuestra propia oración, hasta que lleguéis a practicar la comunicación perfecta de vuestro espíritu con el Padre. (110, 31)

64. La oración puede ser larga o breve, según sea necesario. Podréis, si así lo deseáis, pasar horas enteras dentro de aquel deleite espiritual, si vuestra materia no se fatiga o si algún otro deber no reclama vuestra atención. Y puede ser tan breve que se concrete a un segundo, si os encontráis sujetos a alguna prueba que de pronto os haya sorprendido.

65. No son las palabras con que vuestra mente trate de formar la oración lo que llega a Mí, sino el amor, la fe, o la necesidad con la que os presentáis ante Mí, por eso os digo que habrá casos en que vuestra oración sea de un segundo, porque no habrá tiempo a formular pensamientos, frases e ideas, como acostumbráis.

66. Doquiera podréis invocarme, porque para Mí, es indiferente el sitio, ya que lo que busco es a vuestro espíritu. (40, 36 – 38)

67. En el Segundo Tiempo, cuando una mujer preguntó a Jesús si era en Jerusalén el lugar en donde debía de adorar a Dios, el Maestro le contestó: Se aproxima el tiempo en el que ni Jerusalén, ni ningún otro lugar sean el sitio indicado para adorar a Dios, porque será adorado en espíritu y en verdad, o sea, de espíritu a Espíritu.

68. Cuando mis discípulos me pidieron que les enseñara a orar, Yo les dí como norma la oración que llamáis el Padre Nuestro, haciéndoles comprender que la oración, la verdadera, la perfecta, será aquella que a semejanza de la de Jesús, nazca espontánea del corazón y se eleve hasta llegar al Padre. Debe encerrar obediencia, humildad, confesión, gratitud, fe, esperanza y adoración. (162, 23 – 24)

La oración diaria           

69. Amados discípulos: Practicad diariamente la oración espiritual, poniendo en ella todo el propósito de llegar a perfeccionaros.

70. Mirad que además de penetrar en una comunión íntima con vuestro Maestro y de experimentar una paz infinita en aquellos instantes, ella, representa la mejor ocasión para que recibáis mis divinas inspiraciones, en ellas encontraréis la explicación de todo aquello que no hayáis comprendido o que hayáis entendido mal. Encontraréis la forma de prevenir algún peligro, de resolver un problema, de solucionar una confusión. En aquella hora de bendita comunicación espiritual, se aclararán todos vuestros sentidos y os sentiréis más dispuestos e inclinados a hacer el bien. (308, 1)

71. No dejéis de practicar la oración aún cuando sea tan breve que sólo dure cinco minutos, pero que en ella sepáis hacer un buen examen con la luz de vuestra conciencia, a fin de que observéis vuestras obras y sepáis de lo que tenéis que corregiros.

72. Si perdieseis la noción del tiempo al elevaros en oración, será señal de espiritualidad, ya que lograsteis aunque sea por unos instantes saliros del tiempo, ese tiempo que los esclavos del materialismo sólo quieren para sus placeres o para aumentar sus caudales.

73. El que diariamente se examina, tendrá que mejorar su manera de pensar, de vivir, de hablar y de sentir. (12, 30 – 32)

74. Os he enseñado que por la oración se adquiere sabiduría, mas no por ello quiero que prolonguéis vuestras oraciones. Os he pedido la oración de cinco minutos y con ello quiero deciros que oreis brevemente para que en esos instantes os entreguéis verdaderamente a vuestro Padre y el resto de vuestro tiempo lo consagréis a vuestros deberes espirituales y materiales para con vuestros hermanos. (78, 52)

75. Yo voy a enseñaros una forma de prepararos para que vuestras obras de cada día estén todas inspiradas por nobles sentimientos y para que las vicisitudes y dificultades no os detengan ni os hagan retroceder; cuando abráis vuestros ojos a la luz del nuevo día, orad, aproximaos a Mí a través del pensamiento, formad entonces vuestro plan ya inspirados con mi luz y levantaos a luchar, proponiéndoos ser fuertes y no faltar un solo instante a la obediencia y a la fe.

76. En verdad os digo que no pasará mucho tiempo sin que os maravilléis de vuestra fortaleza y del resultado de vuestras obras. (262, 7 – 8)

El día de descanso como jornada de reflexión           

77. Desde el Primer Tiempo os enseñé a consagrarme el séptimo día. Si durante seis días el hombre se entregaba al cumplimiento de sus deberes humanos justo era que cuando menos uno, lo dedicase al servicio de su Señor. No le pedí que me consagrara el primer día, sino el último para que en él descansara de sus labores y se entregara a la meditación, dando a su espíritu la ocasión de acercarse a su Padre para conversar con Él a través de la oración.

78. El día de descanso se instituyó para que el hombre, al olvidar aunque fuera por un momento la dura lucha terrestre, dejara que su conciencia le hablara, le recordara la Ley, y se examinara a sí mismo, se arrepintiera de sus faltas y formara dentro de su corazón nobles propósitos de arrepentimiento.

79. El sábado fue el día que anteriormente estaba dedicado al descanso, a la oración, y al estudio de la Ley, pero el pueblo al cumplir con la tradición, olvidó los sentimientos hacia la humanidad y los deberes espirituales que tenía para con sus semejantes.

80. Los tiempos pasaron, la humanidad evolucionó espiritualmente y Cristo vino a enseñaros que aún en los días de reposo debéis de practicar la caridad y todas las buenas obras.

81. Jesús quiso deciros que un día estaba dedicado a la meditación y al reposo físico, pero debíais comprender que para el desempeño de la misión del espíritu, no podía señalarse día y hora.

82. A pesar de haberos hablado el Maestro con suma claridad, los hombres se distanciaron buscando cada cual el día que para ellos fuera el más propicio y así, mientras unos siguieron conservando el sábado como día dedicado al reposo, otros adoptaron el domingo para celebrar sus cultos.

83. Hoy vengo a hablaros una vez más y mis enseñanzas os traen nuevos conocimientos; habéis vivido muchas experiencias y habéis evolucionado. Hoy no tiene importancia el día que dediquéis al descanso de la fatiga terrestre, pero sí la tiene el que sepáis que todos los días debéis caminar por la senda que Yo os he trazado. Comprended que no existe hora señalada para que elevéis vuestra oración, porque todo tiempo es propicio para que oréis y practiquéis mi Doctrina en favor de vuestros hermanos. (166, 31 – 35)

Pedid, que se os concederá           

84. Todos traéis una herida en el corazón ¿Quién como Yo para penetrar en vuestro interior? Sé vuestra amargura, vuestra tristeza y desaliento ante tanta injusticia e ingratitud que existe en vuestro mundo; sé de la fatiga de los que han vivido y luchado en la Tierra y cuya existencia es para ellos como un pesado fardo; sé del vacío de los que se van quedando solos en esta vida. A todos os digo: "Pedid, que se os dará", porque a eso he venido, a daros según necesitéis de Mí, ya sea compañía, tranquilidad, bálsamo, misiones o luz. (262, 72)

85. No temáis a la miseria. La miseria es pasajera y en ella debéis orar imitando en la paciencia a Job. Volverá la abundancia y no tendréis palabras con qué darme gracias.

86. Cuando la enfermedad os agobie, ¡oh enfermos benditos! no desesperéis; no está enfermo vuestro espíritu, elevaos en oración a Mí y vuestra fe y espiritualidad os devolverán la salud del cuerpo. Orad en la forma en que Yo os he enseñado: espiritualmente. (81, 43 – 44)

87. Orad en los momentos de prueba, con una oración breve pero limpia y sincera, y os sentiréis confortados, y cuando logréis estar en armonía con vuestro Señor, podré deciros que mi voluntad es la vuestra y vuestra voluntad es la mía. (35, 7)

88. Orad, pero que vuestra oración esté formada con vuestras intenciones y obras del día, esa será vuestra mejor oración; mas si queréis dirigirme un pensamiento, formulando con él una petición, decidme entonces: "Padre, hágase en mí tu voluntad". En ella estaréis pidiendo aún más de lo que podríais entender y esperar, y esa sencilla frase, ese pensamiento, simplificará aquel "Padre nuestro", que me pedisteis en otro tiempo.

89. Ahí tenéis la oración que todo lo pide y que mejor hablará por vosotros. Mas no la digan vuestros labios, sino que la sienta vuestro corazón, porque decir no es sentir y si lo sentís, no necesitáis decírmelo. Yo sé escuchar la voz del espíritu y entiendo su lenguaje. ¿Qué mayor alegría para vosotros que saber esto? ¿Acaso creéis que Yo necesitaba que me dijeseis lo que tengo que hacer? (247, 52 – 54)

90. Os he enseñado a orar y a pedir por los demás, pero también os escucho cuando pedís por lo vuestro. Recibo esa oración. Mas os digo que el tiempo en que Yo os daba según vuestra petición, ha pasado, porque erais pequeños; ahora quiero que obréis como discípulos, presentándome vuestro espíritu y vuestro corazón al orar, pero dejando que Yo lea en ellos y haga mi voluntad. (296, 69)

91. Cuando me interroguéis o me pidáis, no os esforcéis en tratar de explicarme con claridad vuestro problema, ni os esmeréis buscando en la mente las frases mejor construidas; a Mí me basta que vuestro espíritu se desprenda del mundo en ese instante y que deje limpios al corazón y al entendimiento, para que ellos puedan recibir mi inspiración. ¿De qué os servirá decirme muy bellas palabras si no sois capaces de sentir mi presencia en vuestro interior? Yo todo lo sé y no tenéis que explicarme nada, para que Yo os pueda comprender. (286, 9 – 10)

92. Si sabéis comprender mi Doctrina, ella os ofrecerá muchas satisfacciones, muchas oportunidades de poderos elevar. Aprended a orar antes de tomar cualquiera determinación, porque la oración es la forma perfecta de pedir a vuestro Padre, ya que en medio de ella estaréis demandando luz y fortaleza para salir avante en la lucha.

93. Al orar, pronto llegará a vuestro entendimiento la iluminación que os permita distinguir con claridad el bien del mal, lo conveniente y lo que no debéis hacer, y ello será la prueba más palpable de que supisteis prepararos para escuchar la voz de la conciencia.

94. Sufrid con paciencia las penalidades y si no alcanzáis a comprender el significado de vuestras pruebas, orad y Yo os revelaré su sentido, para que seáis conformes. (333, 61 – 62 y 75)

95. Cada vez que vuestros labios o vuestro pensamiento me dice: Señor, no me niegues tu perdón, estáis probando vuestra ignorancia, vuestra confusión y lo poco que me conocéis.

96. ¿Decirme a Mí que me apiade de vuestro dolor? ¿Pedirme que tenga misericordia de mis hijos? ¿Suplicar-me a Mí, que perdone vuestros peca-dos, a Mí que soy el amor, la clemencia, la caridad, el perdón y la piedad?

97. Bien está que tratéis de conmover a quienes en la Tierra tengan duro el corazón y que tratéis de mover a piedad con lágrimas y súplicas a quienes no tengan un átomo de caridad hacia sus semejantes, pero no uséis esas formas o esos pensamientos para tratar de conmover a quien os creó por amor y para amaros eternamente. (336, 41 – 43)

98. Sed conformes con las grandes caridades que el Padre os ha confiado para todo lo que se relaciona con la vida humana sobre el haz de la Tierra, ni pidáis lo que pueda dar ocasión a la perdición de vuestro espíritu y materia. Yo tengo más que daros que vosotros que pedirme, mas Yo soy el que sabe lo que verdaderamente os hace falta en el camino. Yo os he dicho: que si sabéis cumplir con mi Ley, me contemplaréis en todo mi esplendor. (337, 21)

La bendición de la intercesión           

99. No acostumbréis orar únicamente con palabras, orad con el espíritu. También os digo: Bendecid con la oración, enviad pensamientos de luz a vuestros hermanos, no pidáis nada para vosotros, recordad que quien se ocupe de lo mío, siempre me tendrá velando por él.

100. La semilla que sembréis con amor, la recibiréis multiplicada. (21, 3 – 4)

101. No sólo oréis cuando os encontréis atravesando por alguna prueba dolorosa, orad también cuando estéis en paz, porque entonces será cuando vuestro corazón y pensamiento puedan ocuparse de los demás. Tampoco pidáis solamente por los que os han hecho bien o por aquéllos que no os hayan causado ningún daño, pues ello, siendo meritorio, no lo es tanto como si veláis por los que en alguna forma os hubiesen causado perjuicios. (35, 8)

102. ¿Qué os enseño ahora? A bendecir de corazón y espíritu a todo y a todos, porque quien bendice así, es semejante a su Padre, al hacer llegar su calor a todos. Por eso os digo: Aprended a bendecir con el espíritu, con el pensamiento, con el corazón, y vuestra paz, vuestra fuerza y vuestro calor llegarán a aquél a quien se lo enviéis, por distante que lo creáis.

103. ¿Qué pasaría, si todos los hombres se bendijesen, aun sin conocerse ni haberse visto nunca? Que reinaría la paz perfecta en la Tierra, sería inconcebible la guerra.

104. Para que ese milagro se realice, es menester que elevéis vuestro espíritu, por medio de la perseverancia en la virtud. ¿Lo juzgáis acaso imposible? (142, 31)

105. Pedid y se os dará. Todo lo que deseéis en caridad para vuestros hermanos, pedídmelo. Orad, unid vuestro ruego al del necesitado y os concederé lo que solicitéis. (137, 54)

La necesidad de la oración           

106. Velad y orad, os repito con frecuencia, pero no quiero que os familiaricéis con este dulce consejo, sino que lo estudiéis y lo pongáis en práctica.

107. Os digo que oréis, porque aquél que no ora, se entrega a pensamientos superfluos, materiales y a veces insanos, con lo cual, sin darse cuenta fomenta y alimenta las guerras homicidas; mas cuando oráis, vuestro pensamiento como si fuera espada de luz, rasga los velos de oscuridad y los lazos de la tentación que hoy están aprisionando a muchos seres, satura de espiritualidad el ambiente y contrarresta las fuerzas del mal. (9, 25 – 26)

108. La humanidad siempre ha estado demasiado ocupada en las grandezas de la Tierra, para considerar la importancia que tiene orar y meditar en lo que está más allá de esta vida, a fin de que pudiera descubrir la esencia de ella misma. El que ora, conversa con el Padre y si interroga, recibe al instante la respuesta. La ignorancia de los hombres sobre lo espiritual, procede de su falta de oración. (106, 33)

109. Os acercáis a un tiempo en el que sabréis dar en justicia lo que corresponde a vuestro espíritu y al mundo lo que a él le pertenece. Tiempo de verdadera oración, de culto libre de fanatismo, en el que sabréis orar antes de cada empresa, en el que sabréis velar por lo que os haya sido confiado.

110. ¿Cómo podrá equivocarse el hombre, cuando en lugar de hacer su voluntad se anticipe a interrogar a su Padre a través de la oración? Quien sabe orar vive en contacto con Dios, sabe el valor de los beneficios que de su Padre recibe y a la vez comprende el sentido o la finalidad de las pruebas por las que atraviesa. (174, 2 – 3)

Los efectos benéficos de la practica de oración           

111. A través de las eras os he dicho: orad. Hoy os digo que por medio de la oración podéis alcanzar la sabiduría. Si todos los hombres orasen, nunca perderían la senda de luz trazada por Mí. Por la oración, sanarían a los enfermos, no habría más incrédulos y volvería la paz a los espíritus.

112. ¿Cómo puede ser feliz el hombre si ha rechazado mi gracia? ¿Acaso piensa que el amor, la caridad y la mansedumbre no son atributos del corazón humano? (69, 7 – 8)

113. Sabed que la palabra que no lleva amor, no tiene vida ni poder. Me preguntáis cómo podéis empezar a amar y qué debéis hacer para que en vuestro corazón se despierte este sentimiento, y Yo os digo: Por lo que debéis empezar, es por saber orar. La oración os acercará al Maestro y ese Maestro soy Yo.

114. En la oración hallaréis consuelo, inspiración y fuerza, ella os dará la dulce satisfacción de poder hablar íntimamente con Dios, sin testigos ni mediadores; Dios y vuestro espíritu, reunidos en ese dulce momento de confidencias, de comunicación espiritual y de bendiciones. (166, 43 – 44)

115. Siempre que necesitéis un confidente, un amigo bondadoso, buscadme y depositad en Mí, las penas que haya en vuestro corazón, y Yo os aconsejaré el mejor camino, la solución que buscáis.

116. Si vuestro espíritu se encuentra agobiado por los pesares, es porque habéis pecado, Yo os recibiré y seré benévolo en mi juicio, fortificaré vuestro propósito de enmienda y os devolveré las fuerzas perdidas.

117. Sólo la práctica de mis enseñanzas os conservará en gracia y salud espiritual y corporal. La experiencia que recojáis será luz que iréis acumulando en vuestro espíritu. (262, 20 – 21)

118. El espíritu que sabe velar, no se aparta nunca de la ruta que su Señor le ha trazado y está en aptitud de emplear su heredad y sus dones, hasta alcanzar su elevación.

119. Ese ser tendrá que salir avante en sus pruebas, porque vive alerta y nunca se deja dominar por la materia. El que vela y ora saldrá triunfante siempre de los trances difíciles y sabrá caminar con paso firme por la senda de la vida.

120. ¡Cuán diferente es la conducta del que se olvida de orar y de velar! Voluntariamente renuncia a defenderse con las mejores armas que en el hombre he puesto, que son la fe, el amor y la luz del saber. Es el que no escucha la voz interior que le habla a través de la intuición, de la conciencia y de los sueños; pero el corazón y la mente no entienden ese lenguaje y no dan crédito al mensaje de su propio espíritu. (278, 2 – 3)

121. La oración es el medio revelado a vuestro espíritu para llegar hasta Mí con vuestras interrogaciones, con vuestras inquietudes y vuestros anhelos de luz. A través de esa comunicación podréis disipar vuestras dudas y descorrer el velo que oculte algún misterio.

122. La oración es el principio de la comunicación de espíritu a Espíritu que en los tiempos venideros florecerá y dará frutos entre esta humanidad.

123. Hoy le he revelado todo esto al pueblo que me escucha, para que sea el precursor del tiempo de la espiritualidad. (276, 18 – 19)

El poder de la oración           

124. Cuando uno de vosotros ora, no se da cuenta de lo que con su pensamiento alcanza en lo espiritual, y es menester que sepáis que cuando oráis por vuestros hermanos, por aquellos pueblos que están destrozándose en la guerra, en esos instantes vuestro espíritu libra también una batalla mental en contra del mal y que vuestra espada que es paz, razón, justicia y anhelo de bien para ellos, choca contra las armas del odio, de la venganza, del orgullo.

125. Este será el tiempo en que los hombres se den cuenta del poder de la oración; para que la oración tenga verdadera fuerza y luz, es menester que con amor la elevéis a Mí. (139, 7 – 8)

126. El pensamiento y el espíritu, unidos para orar, crean en el hombre una fuerza superior a toda fuerza humana.

127. En la oración el débil se fortalece, el cobarde se reviste de valor, el ignorante se ilumina, el torpe se despeja.

128. El espíritu, cuando ha logrado armonizar con la mente para alcanzar la verdadera oración, se convierte en un soldado invisible, el cual, apartándose momentáneamente de lo que a su ser toca, se traslada a otros sitios, se liberta de la influencia de la materia y se entrega a su lucha de hacer el bien, de conjurar males y peligros, de llevar un destello de luz, una gota de bálsamo o un hálito de paz a los necesitados.

129. Por todo lo que os digo, comprended cuánto podréis hacer con el espíritu y con la mente en medio del caos que ha envuelto a esta humanidad. Estáis en un mundo de pensamientos e ideas encontradas, donde las pasiones palpitan por el materialismo y los espíritus navegan entre tinieblas.

130. Sólo el que por medio de la oración haya aprendido a elevarse en pensamiento y espíritu a las regiones de la luz, a las moradas de la paz, podrá penetrar en el mundo de contiendas, donde se reflejan todas las humanas pasiones, sin salir vencido y dejando en cambio algo de provecho para los que han menester de la luz del espíritu. (288, 18 – 22)

131. Aprended a orar, porque con la oración también podréis hacer mucho bien, así como también podréis defender de las acechanzas. Es la oración escudo y arma, si tenéis enemigos, con la oración os defenderéis; pero sabed que esa arma no debe herir ni lastimar a nadie, porque su única misión será brillar en las tinieblas. (280, 56)

132. Los elementos están desata-dos en contra del hombre, vosotros no debéis temer, porque sabéis que os he dado una potestad para vencer el mal y proteger a vuestros hermanos. Podéis ordenar a esos elementos de destrucción que se detengan y ellos obedecerán. Si permanecéis orando y velando, podréis hacer prodigios y sorprender al mundo.

133. Orad con limpidez, haced comunión con mi Espíritu, no busquéis para ello determinado lugar. Orad bajo un árbol, en un camino, en la cumbre de una montaña, o en el rincón de vuestra alcoba. Yo descenderé a conversar con vosotros, a iluminaros y a daros fortaleza. (250, 24 – 25)

134. De cierto os digo que si ya estuvieseis unidos en espíritu, en pensamiento y en intención, bastaría sólo vuestra oración para detener a las naciones que viven preparando la hora de lanzarse unas contra otras; destruiríais los odios, seríais obstáculo para todos los malos proyectos de vuestros hermanos; seríais como invisible espada venciendo a los fuertes, y como escudo defendiendo a los débiles.

135. La humanidad, ante esas pruebas reveladoras de un poder superior, se detendría un instante a meditar y esta meditación le evitaría muchos de los grandes toques y pruebas que a través de la Naturaleza y sus elementos tendrá que recibir. (288, 27)

136. Si vosotros tuvieseis una fe grande y un conocimiento mayor sobre la fuerza de la oración, cuántas obras de caridad haríais con vuestro pensamiento; pero no le habéis concedido todo el poder que ella tiene y es por eso que muchas veces no os dais cuenta de lo que rechazáis en un momento de sentida y verdadera oración.

137. ¿No os dais cuenta de que algo superior está impidiendo que se desate la guerra más inhumana de todas vuestras guerras? ¿No comprendéis que en ese milagro influyen millones de oraciones de hombres, de mujeres y de niños, que con su espíritu combaten las tinieblas y luchan contra la influencia de la guerra? Seguid orando, seguid velando; pero poned en ese acto toda la fe de que seáis capaces.

138. Orad, pueblo, y sobre la guerra, el dolor y la miseria, tended el manto de paz de vuestros pensamientos, formando con ellos un escudo, bajo cuyo amparo, se iluminen y refugien vuestros hermanos. (323, 24 – 26)

Amor a Dios y al prójimo como veneración a Dios           

139. Sabed, mis nuevos discípulos, que vuestro homenaje y vuestro tributo al Señor deben de ser constantes, sin esperar fechas o días determinados para ofrecerlos, como constante es el amor de vuestro Padre para vosotros; mas si queréis saber cómo debéis recordar cada día mis obras de amor, sin caer en fanatismo, Yo os lo diré: vuestra vida debe ser un continuo homenaje a quien lo ha creado todo, amándoos los unos a los otros.

140. Hacedlo así y Yo os concederé lo que me pedís humildemente, que vuestras faltas os sean perdonadas. Yo os conforto y os alivio, mas os digo: cuando descubráis vuestros errores y vuestra conciencia os juzgue, orad, enmendad vuestro error, revestíos de fortaleza para que no volváis a caer en la misma falta y no tengáis que pedirme repetidas veces que os perdone; mi palabra os enseña para que escaléis y deis paso a la luz y a la espiritualidad. (49, 32 – 33)

141. Sed tengo, dije a aquella turba que no entendía mis palabras y que gozaba con mi agonía. ¿Qué podré deciros ahora, cuando veo que no es una turba, sino que es el mundo entero el que hiere mi Espíritu sin darse cuenta de mi dolor?

142. Mi sed es infinita, incomprensible, y sólo vuestro amor podrá apagarla; ¿Por qué en vez de amor me ofrecéis un culto exterior? ¿No sabéis que al pediros agua, me estáis ofreciendo hiel y vinagre? (94, 74 – 75)

143. En verdad os digo que éstos que sufrieron y me ofendieron mucho, serán los que más fervientemente me amen; de su corazón brotará constante la ofrenda a mi Divinidad. No serán ofrendas materiales ni salmos, ni altares de la tierra; ellos saben que la ofrenda y el culto más agradable para Mí son las obras de amor que hagan con sus hermanos. (82, 5)

144. Día tras día llega hasta Mí vuestra oración espiritual, cuyo lenguaje no conoce vuestra materia porque no son palabras pronunciadas por vuestros labios ni son ideas formuladas por vuestra mente. La oración del espíritu es tan profunda, que está más allá de la potencias y de los sentidos humanos.

145. En esa oración el espíritu llega a las regiones de la luz y de la paz donde moran espíritus elevados, y ahí saturándose de aquella esencia, retorna a su cuerpo pasajero para transmitirle la fortaleza. (256, 63 – 64)

146. Pueblo: El tiempo en que debéis saber orar ha llegado entre vosotros. Hoy no vengo a deciros que os postréis en tierra, no vengo a enseñaros que oréis con vuestros labios o que me claméis con palabras floridas en hermosas oraciones; hoy vengo a deciros: Buscadme con el pensamiento, elevad vuestro espíritu y descenderé siempre para haceros sentir mi presencia. Si no sabéis hablar con vuestro Dios, me bastará el arrepentimiento, vuestro pensamiento, vuestro dolor, me bastará vuestro amor.

147. Este es el lenguaje que Yo escucho, el que Yo entiendo, el lenguaje sin palabras, el de la verdad y la sinceridad, esa es la oración que he venido a enseñaros en este Tercer Tiempo.

148. Siempre que habéis hecho una buena obra, habéis sentido mi paz, la tranquilidad y la esperanza y es que el Padre está muy cerca de vosotros. (358, 53 – 55)

149. Rehuyo todo lo que sea vanidad y pompa humana, porque a mi Espíritu sólo llega lo que es espiritual, lo que es noble y elevado, lo limpio y eterno. Recordad que dije a la mujer de Samaria "Dios es Espíritu y es necesario que le adoren en espíritu y en verdad". Buscadme en lo infinito, en lo puro y allí me encontraréis.

150. ¿Por qué ofrecerme lo que Yo he hecho para vosotros? ¿Por qué me dais flores, si vosotros no las hacéis? En cambio si me presentáis obras de amor, de caridad, de perdón, de justicia, de ayuda hacia vuestros semejantes, ese tributo sí será espiritual y se elevará al Padre como una caricia, como un ósculo que desde la Tierra, los hijos enviarán a su Señor. (36, 29)

151. Tampoco quiero que encerréis vuestro culto en recintos materiales, porque aprisionaréis vuestro espíritu y no lo dejaréis abrir sus alas, para conquistar la eternidad.

152. El altar que os dejo para que celebréis en él el culto que Yo espero, es la vida, sin limitación alguna, más allá de todas las religiones, de todas las iglesias y las sectas, porque existe en lo espiritual, en lo eterno, en lo divino. (194, 27 – 28)

La plática de conciencia entre Dios y el hombre           

153. Hoy vengo hasta vosotros con una enseñanza que aunque al mundo le parezca imposible practicarla, una vez que es comprendida, es la más fácil de cumplir. Vengo a enseñaros el culto del amor a Dios a través de vuestra vida, de vuestras obras y de la oración espiritual, la que no es pronunciada por los labios en un sitio determinado, ni necesita de formas o imágenes para inspirarse. (72, 21)

154. Mientras los hombres han querido ver en Mí un Dios distante, remoto, Yo me he propuesto demostrarles que estoy más cerca de ellos que las pestañas de sus ojos.

155. Rezan maquinalmente y si no ven realizado todo lo que pidieron en forma inmediata, exclaman desalentados: "Dios no nos ha oído".

156. Si ellos supiesen orar, si unieran la mente con el corazón a su espíritu, escucharían en su conciencia la voz divina del Señor y sentirían que su presencia estaba muy cerca de ellos, pero ¿Cómo quieren sentir mi presencia si me piden a través de cultos materializados? ¿Cómo es posible que logren sensibilizar su espíritu, si hasta a su Señor lo adoran en imágenes hechas con sus manos?

157. Quiero que comprendáis que me tenéis muy cerca, que os podéis comunicar fácilmente Conmigo, así como sentirme y recibir mis inspiraciones. (162, 17 – 20)

158. Practicad el silencio que favorece al espíritu para que pueda encontrar a su Dios, ese silencio es como una fuente de conocimientos y todos los que en él penetran se llenan de la claridad de mi sabiduría. El silencio es como un lugar cerrado con murallas indestructibles, al que sólo tiene acceso el espíritu. El hombre lleva constantemente en su interior, el conocimiento del lugar secreto en el que podrá comunicarse con Dios.

159. No importa el lugar donde os encontréis, doquiera podréis comunicaros con vuestro Señor, ya sea que estéis en la cumbre de la montaña o que os encontréis en la profundidad de un valle, en la inquietud de una ciudad, en la paz del hogar o en medio de una lucha; si me buscáis en el interior de vuestro santuario en medio del silencio profundo de vuestra elevación, al instante las puertas del recinto universal e invisible se abrirán para que os sintáis verdaderamente en la casa de vuestro Padre, la cual existe en cada espíritu.

160. Cuando el dolor de las pruebas os agobie y las penas de la vida aniquilen a vuestros sentidos, si experimentáis un deseo intenso de alcanzar un poco de paz, retiraos a vuestra alcoba o buscad el silencio, la soledad de los campos, ahí elevad vuestro espíritu guiado por la conciencia y entrad en meditación. El silencio es el reino del espíritu, reino que es invisible a los ojos materiales.

161. En el instante de penetrar al éxtasis espiritual, es cuando se logra que despierten los sentidos superiores, surge la intuición, la inspiración brilla, el futuro se presiente y la vida espiritual palpa lo distante y hace posible lo que antes le parecía inalcanzable.

162. Si queréis penetrar en el silencio de este santuario, de esta arca, vosotros mismos debéis ser los que preparéis el camino, porque sólo con verdadera pureza podréis penetrar en él. (22, 36 – 40)

163. Es necesario que se levanten de nuevo mis profetas para amonestar a los hombres, porque mientras hay pueblos que se destrozan cegados por la ambición y la violencia, los que han recibido mi luz y serenamente juzgan a la humanidad, temen levantarse a dar la buena nueva.

164. Si esta humanidad supiese orar con el espíritu, escucharía mi voz, recibiría mi inspiración, pero cada vez que ora pone un velo en sus ojos que le oculta la luz de mi presencia. Tengo que venir hacia los hombres en los instantes en que sus cuerpos descansan para despertar a su espíritu, llamarlo y conversar con él. Es Cristo que cual ladrón en medio de la noche, penetra en vuestro corazón para sembrar en él mi simiente de amor. (67, 29)

165. Aprended a orar y a meditar a la vez, para que surja en cada uno de vosotros el conocimiento y la comprensión. (333, 7)

166. Espiritualidad es libertad; por eso los que me escuchan ahora y han comprendido el sentido de esta Doctrina libertadora, ven abrirse delante de ellos ese extenso valle en el que lucharán y darán testimonio de que llegó el tiempo en que Dios, Creador Omnipotente, ha venido a establecer comunicación entre Él y el hombre. (239, 8)

167. La doctrina de Cristo fue espiritual, mas el hombre la rodeó de ritos y de formas para ponerla al alcance de los espíritus de escasa elevación.
168. Habéis penetrado en el tiempo del Espíritu, el de las grandes revelaciones, en el que desaparecerá de todo culto la materialización, la impostura y la imperfección, en que todo hombre, a través de su espíritu, reconocerá a su Dios que es todo Espíritu, y por ese camino encontrará la forma de la comunicación perfecta. (195, 77 – 78)

169. Cuando los hombres hayan aprendido a comunicarse con mi Espíritu, ya nada tendrán que consultar en libros, ni qué preguntar.

170. Hoy todavía preguntan a quienes creen que saben más, o van tras de textos y libros, ansiosos de encontrar la verdad. (118, 37)

171. Si aprendieseis a meditar unos instantes cada día y que vuestra meditación fuese sobre la vida espiritual, descubriríais infinidad de explicaciones y recibiríais revelaciones que por ningún otro medio podríais obtener.

172. Vuestro espíritu tiene ya la luz suficiente para interrogarme, así como para recibir mi respuesta. El espíritu de la Humanidad ha alcanzado ya gran elevación. Observad a hermanos vuestros de condición humilde quienes, a pesar de su pobreza de conocimientos sorprenden con sus profundas observaciones, así como la forma clara con que se explican lo que para muchos otros es algo inexplicable. ¿Acaso ellos acuden a libros o a escuelas? No, pero han descubierto por intuición o por necesidad el don de la meditación que es parte de la oración espiritual. En su soledad, aislados de influencias y prejuicios, han descubierto la forma de penetrar en comunión con lo eterno, con lo espiritual, con lo verdadero, y unos más, otros menos, todos los que han meditado en la verdadera esencia de la vida, han recibido luz espiritual en su entendimiento. (340, 43 – 44)

173. Me preguntáis en qué consiste la oración y Yo os digo: En permitir que vuestro espíritu se eleve libremente hacia el Padre, en entregaros con plena confianza y fe en aquel acto; en recibir en el corazón y en la mente las sensaciones recogidas por el espíritu; en aceptar con verdadera humildad la voluntad del Padre. El que ora de esta manera, goza de mi presencia en cualquier instante de su vida y jamás se siente menesteroso. (286, 11)

174. Allí, en lo más puro de su ser, en el espíritu, será donde escriba Yo mi Ley en este tiempo, donde haga escuchar mi voz, donde levante mi templo, porque lo que no exista en el interior del hombre, lo que no esté en su espíritu, es como si no existiese.

175. Así levante enormes templos materiales en mi honor, así me ofrezca festines y ceremonias llenas de esplendor, su ofrenda no llegará a Mí, porque no es del espíritu. Todo culto externo lleva siempre vanidad y ostentación, en cambio, la ofrenda callada, aquella que no ve el mundo y que me ofrecéis de espíritu a Espíritu, esa llega hacia Mí por su humildad, por su sinceridad, por su verdad, en un palabra: porque brotó del espíritu.

176. Repasad aquella parábola mía dada en el Segundo Tiempo y que es conocida como la parábola del fariseo y el publicano y entonces comprenderéis que mi enseñanza, en todos los tiempos ha sido una sola. (280, 68)

177. ¿Sabéis que hay quienes son amados sin merecerlo? Así os amo Yo. Dadme vuestra cruz, dadme vuestras tristezas, dadme vuestras esperanzas que han fracasado, dadme la pesada carga que lleváis, Yo puedo con todos los dolores. Sentíos libres de vuestro fardo para que seáis felices, penetrad en el santuario de mi amor y guardad silencio ante el altar del Universo, para que vuestro espíritu pueda conversar con el Padre en el más hermoso de los lenguajes: el del amor. (228, 73)


Capítulo 18 – Obras de caridad y significado central del Amor

La gracia retroactiva de las buenas obras           

1. Observad todos los casos de miseria humana, de dolor, de necesidad y dejad que ante la vista del dolor, que por todas partes os rodea, vuestro corazón se vaya sensibilizando.

2. Cuando ya sintáis en lo más profundo de vuestro ser un generoso y noble impulso de hacer el bien, dejad que ese impulso se desborde y manifieste. Es el espíritu que va a entregar su mensaje porque ha encontrado preparado y dispuesto a su cuerpo. (334, 3 – 4)

3. Haced que la caridad sea entre vuestras aspiraciones, la primera, y no os arrepentiréis nunca de haber sido caritativos, porque a través de esa virtud tendréis las mayores satisfacciones y dichas de vuestra existencia y obtendréis al mismo tiempo toda la sabiduría, la fuerza y la elevación que anhela todo espíritu noble.

4. Por medio de la caridad hacia vuestros hermanos, purificaréis vuestro espíritu, saldando en esa forma antiguas deudas, ennobleceréis vuestra vida humana y elevaréis vuestra vida espiritual.

5. Cuando lleguéis delante de la puerta a la que todos vendréis a llamar, será muy grande vuestra dicha, porque escucharéis la voz de bienvenida que el mundo espiritual os dará, bendiciéndoos y llamándoos en la Obra de regeneración y espiritualidad. (308, 55 – 56)

6. Mas Yo os digo: Benditos sean aquellos de mis labriegos que sepan sentir en su corazón la pena de los que viven privados de la libertad o de la salud, y les visiten y les conforten, porque un día volverán a encontrarse, sea en ésta o en otra vida, y entonces no sabéis si ellos tengan más salud, mayor libertad y luz que aquéllos que les llevaron el mensaje de amor a un presidio o a un hospital, y entonces les correspondan con su gratitud, tendiendo la mano a quien en otro tiempo supo tendérsela.

7. Aquel instante en que hicisteis llegar mi palabra a su corazón aquel momento en que pasasteis vuestra mano sobre su frente y los hicisteis pensar en Mi y sentirme, jamás se borrará de su espíritu, como no se borrará de su mente ni vuestra faz, ni vuestra voz de hermano, por lo que os reconocerán doquiera que os encontrasen. (149, 54 – 55)

8. Así como la brisa y el sol os acarician, pueblo, acariciad vosotros a vuestros semejantes. Este es el tiempo en que los necesitados y los menesterosos abundan. Comprended que aquél que os pide el favor, os está concediendo la gracia de que seáis útiles a los demás y de que trabajéis por vuestra salvación. Él os dá la oportunidad de que seáis misericor-diosos y con ello os asemejéis a vuestro Padre; porque el hombre ha nacido para regar por el mundo la semilla del bien. Comprended entonces que quien os pide, os favorece. (27, 62)

Beneficencia verdadera y falsa           

9. ¡Oh discípulos, vuestra más alta misión será la de la caridad! Muchas veces la entregaréis secretamente, sin ostentación, no dejando que la mano izquierda sepa lo que ha dado la derecha, pero habrá ocasiones en que vuestra caridad tenga que ser vista por vuestros hermanos para que aprendan a impartirla.

10. Descuidad el pago, Yo soy el Padre que premia con justicia las obras de sus hijos, sin olvidar una sola.

11. Os he dicho que si un vaso de agua diereis con verdadera caridad, ese no quedará sin galardón.

12. Bienaventurados los que al llegar a Mí me digan: "Señor, nada espero en pago de mis obras, me basta existir y saber que soy vuestro hijo para que mi espíritu se llene de felicidad". (4, 78 – 81)

13. No alimentéis intereses egoístas pensando tan sólo en vuestra salvación y en vuestro galardón, porque vuestro desengaño será muy doloroso cuando os presentéis en espíritu, porque encontraréis que en realidad no supisteis labraros ningún galardón.

14. Para que mejor comprendáis lo que quiero deciros, os doy el siguiente ejemplo: Existen y han existido siempre hombres y mujeres que han procurado hacer obras de caridad entre sus hermanos y que, sin embargo, cuando llegan ante Mí, no me han hecho presente méritos para su felicidad espiritual: ¿A qué se debió esto? ¿Podéis concebir que ellos hayan sido víctimas de una injusticia por parte de su Padre? La respuesta es sencilla, discípulos: No pudieron recoger un bien para sí, porque sus obras no fueron sinceras, porque cuando extendieron su mano para dar algo, nunca lo hicieron movidos por un verdadero sentimiento de caridad hacia el que sufre, sino pensando en sí mismos, en su salvación, en su premio. A unos les movió el interés, a otros la vanidad, y esa no es caridad verdadera porque no fue sentida ni desinteresada y Yo os digo que el que no lleva sinceridad y amor, no está sembrando la verdad ni está labrándose un galardón.

15. La caridad aparente podrá proporcionaros en la Tierra algunas satisfacciones que provengan de la admiración que despertéis y de la adulación que recibáis, pero lo aparente no llega a mí Reino, ahí solo llega lo verdadero. Allí todos llegaréis sin poder ocultar la menor mancha o impureza; porque antes de presentaros ante Dios os habréis despojado de mantos, coronas, insignias, títulos, y todo cuanto al mundo pertenezca, para presentaros delante del Supremo Juez como simples espíritus que van a responder ante el Creador de la misión a ellos encomendada. (75, 22 – 24)

16. El que por amor procura ser útil a sus semejantes, se consagra al bien en alguna de las múltiples sendas que ofrece la vida, ese sabe que es un ser que debe prestarse para ser utilizado por la voluntad divina para fines muy elevados. Yo quiero que vosotros lleguéis a saber, ¡oh discípulos! para que seáis los que libertéis de sus errores a quienes han perdido la senda de la evolución.

17. El amor verdadero, aquél que está más allá del corazón, es el fruto de la sabiduría. Ved cómo Yo, en mi palabra, siembro sabiduría en vuestro entendimiento y luego espero el fruto de vuestro amor.

18. Existen muchas formas de hacer el bien, muchas formas de consolar y servir, todas son expresiones del amor, que es uno solo, del amor, que es sabiduría del espíritu.

19. Unos podrán ir por el camino de la ciencia, otros por el del espíritu, otros por el sentimiento y el conjunto de todos será la armonía espiritual. (282, 23 – 26)

Actos de amor, espirituales y materiales           

20. Si estáis pobres materialmente y por esa causa no podéis ayudar a vuestros semejantes, no temáis, orad y Yo haré que donde no haya nada, brote luz y haya paz.

21. La caridad verdadera de donde nace la piedad, es la mejor dádiva que podréis depositar en los   necesitados. Si al dar una moneda, un pan o un vaso de agua, no tuvieseis en vuestro corazón el sentimiento de amor hacia vuestros hermanos, en verdad os digo que nada habréis dado, que más os vale no desprenderos de aquello que dais.

22. ¿Hasta cuándo, humanidad, queréis conocer el poder del amor? Nunca hasta ahora habéis hecho uso de esa fuerza que es el principio de la vida. (306, 32 – 33)

23. No miréis enemigos sino hermanos en todos los que os rodean. No pidáis castigo para que deis ejemplo de perdón y no haya remordimiento en vuestro espíritu. Cerrad vuestros labios y dejad que Yo juzgue vuestra causa.

24. Sanad a los enfermos, volved la razón a los extraviados, apartad a los espíritus que nublan la inteligencia y haced que ambos recobren la luz que han perdido. (33, 58 – 59)

25. Discípulos: Aquella máxima que os enseñé en el Segundo Tiempo de amaros los unos a los otros, es aplicable a todos los actos de vuestra vida.

26. Hay quienes me dicen: "Maestro, ¿Cómo podré amar a mis semejantes, si soy un ser insignificante, que vive entregado al trabajo material?"

27. A estos pequeños míos Yo les digo, que aún dentro de ese trabajo material, en apariencia sin importancia, podéis amar a vuestros semejantes, si vuestras labores las hacéis con el deseo de servir a vuestros hermanos.

28. Imaginaos lo hermosa que sería vuestra vida si cada hombre trabajase pensando en hacer bien y en unir su pequeño esfuerzo al de los demás. De cierto os digo que la miseria no se conocería, mas la verdad es que cada quien trabaja para sí, pensando en sí y si acaso en los suyos.

29. Todos necesitáis saber que nadie puede bastarse a sí mismo y que necesita de los demás; todos debéis saber que estáis íntimamente ligados a una misión universal que debéis cumplir unidos pero no unidos por obligaciones materiales, sino por intención, por inspiración e ideal, en una palabra: Por el amor de los unos hacia los otros. El fruto entonces será en beneficio de todos. (334, 35 – 37)

30. Os digo, discípulos, en mi Ley de amor, que si no podéis hacer obras perfectas como las que hice en Jesús, al menos os esforcéis en vuestra vida por acercaros a ellas. A Mí me basta contemplar un poco de buena voluntad por imitarme y un poco de amor hacia vuestros semejantes, para que Yo os ayude y manifieste mi gracia y mi poder a vuestro paso.

31. Nunca estaréis solos en la lucha. Si no os dejo solos cuando vais doblegados bajo el peso de vuestros pecados, ¿Creéis que os abandone cuando vayáis caminando bajo el peso de la cruz de esta misión de amor? (103, 28 – 29)

El significado integral del amor           

32. En todos los tiempos mi Doctrina os ha mostrado que su esencia es el amor.

33. El amor es la esencia de Dios, de esa fuerza toman todos los seres para vivir; de ella surgió la vida toda y la creación: El amor es el principio y el fin en el destino de todo lo hecho por el Padre.

34. Ante esa fuerza que todo lo mueve, lo ilumina y vivifica, desaparece la muerte, se esfuma el pecado, se desvanecen las pasiones, le lavan las impurezas y se perfecciona todo lo que es imperfecto. (295, 32)

35. Yo os he revelado mi existencia y el por qué de la vuestra; os he descubierto que el fuego que da vida y todo lo anima, es el amor; es el principio de donde han brotado todas las naturalezas.

36. He ahí que vosotros nacisteis por amor, existís por amor, sois perdonados por amor y seréis en la eternidad por amor. (135, 19 – 20)

37. El amor es el principio y la razón de vuestra existencia, ¡oh  humanidad! ¿Cómo podríais vivir sin ese don? Creedme, hay muchos que llevan en sí la muerte, y otros que están enfermos tan sólo por no amar a nadie. El bálsamo que a muchos ha salvado, ha sido el amor y el don divino que resucita a la vida verdadera, que redime y que eleva, es también el amor. (166, 41)

38. Amad, el que no ama lleva en sí una tristeza profunda: la de no poseer, de no sentir lo más bello y elevado de la vida.

39. Eso fue lo que Jesús vino a enseñaros con su vida y con su muerte, y lo que os legó en su divina palabra condensada en la frase de "Amaos los unos a los otros, con ese amor que Yo os he enseñado".

40. Día llegará en que los que no han amado, despojándose de su amargura y sus prejuicios vengan y descansen en Mí, donde volverán a la vida escuchando mi palabra dulce, de infinita ternura.

41. En verdad os digo: que en el amor está mi fuerza, mi sabiduría y mi verdad. Es como una escala infinita que se presenta bajo distintas formas desde las inferiores de los humanos, hasta las más elevadas de los espíritus que han alcanzado la perfección.

  42.   Amad, aunque sea a vuestra manera,  pero amad siempre. No odiéis, porque el odio deja una cauda de muerte, mientras que por amor se perdona y se borra todo rencor. (224, 34 – 36)

43. Os digo que quien no ama, no manifiesta su amor en la forma más elevada y con absoluta pureza; carecerá del verdadero saber y muy poco será lo que posea. En cambio el que ame con todo su espíritu y con todas las potencias de que ha sido dotado, ese llevará en sí la luz de la sabiduría y sentirá que realmente es el dueño de todo lo que le rodea, porque lo que el Padre posee, es también propiedad de sus hijos. (168, 11)

44. El amor os dará la sabiduría para entender la verdad que otros buscan inútilmente por los escabrosos caminos de la ciencia.

45. Dejad que el Maestro os guíe en todos los actos, palabras y   pensamientos. Preparaos bajo su dulce y amoroso ejemplo y manifestaréis el amor divino, así os sentiréis cerca de Dios, porque estaréis en armonía con Él.

46. Si amáis, lograréis ser mansos, como Jesús lo fue. (21, 10 – 12)

47. Quien ama comprende, quien estudia tiene voluntad; quien tiene voluntad puede hacer mucho. Yo os digo que ni elevación, ni sabiduría tendrá, ni hará obras grandes, quien no ame con toda la potencia de su espíritu. (24, 41)

48. No dejéis engreír vuestro corazón, porque él simboliza el fuego de la eternidad del que todo brotó y donde todo se vivifica.

49. El espíritu se sirve del corazón para amar a través de la materia. Si amáis sólo por la ley de la materia, vuestro amor será pasajero, porque ella es limitada, mas cuando amáis espiritualmente, ese sentimiento se asemeja al del Padre, que es eterno, perfecto e inmutable.

50. Toda la vida y todo lo creado están relacionados con el espíritu, porque él posee vida eterna. No os limitéis, amadme y amaos, ya que poseéis esa chispa del Ser que no tiene límites para amar, que es Dios mismo. (180, 24 – 26)

51. Elevaos en la senda que os conduce a la cima de la montaña y cada paso que déis iréis comprendiendo mejor mis enseñanzas, e iréis   perfeccionándoos, para interpretar el lenguaje divino.

52. ¿Cuál es el idioma del espíritu? Es el amor. El amor es el idioma universal de todos los espíritus. ¿No veis que también el amor humano habla? Muchas veces no necesita palabras, habla mejor con hechos, con los pensamientos. Si así se manifiesta el amor humano, ¿Cómo será vuestro lenguaje cuando os perfeccionéis en mi Ley?

53. Si vosotros contempláis que Yo soy la Sabiduría, esa sabiduría brota del amor. Si me reconocéis como Juez, esa justicia se basa en el amor. Si me tenéis por poderoso, mi poder está fincado en el amor. Si sabéis que soy eterno, mi eternidad proviene del amor, porque éste es vida y la vida, hace inmortales a los espíritus.

54. El amor es luz, es vida y saber. Y esa semilla os la he dado desde el principio de los tiempos, la única que Yo, como labrador perfecto, he sembrado en las tierras que son vuestros corazones. (222, 23)

El alto poder del amor           

55. Oh varones y mujeres del mundo que habéis olvidado en vuestras ciencias lo único que puede haceros sabios y felices; os habéis olvidado del amor que todo lo inspira, del amor que todo lo puede y todo lo transforma! Vivís dentro del dolor y de las tinieblas, porque al no practicar el amor que os enseño, origináis vuestro sufrimiento material o espiritual.

56. Para descubrir y comprender mis mensajes, necesitáis primero ser bondadosos y mansos de corazón, virtudes que existen en todo espíritu desde el instante de su formación, mas para llegar a sentir el verdadero sentimiento elevado del amor, necesitáis espiritualizaros, cultivando vuestros buenos sentimientos; pero todo habéis querido tener en la vida, menos amor espiritual. (16, 31 – 32)

57. En todos los tiempos habéis tenido guías que os han enseñado la fuerza del amor. Han sido hermanos vuestros más adelantados, con mayor   conocimiento de mi Ley y mayor pureza en sus obras. Han venido a daros ejemplo de fortaleza, de amor y de humildad, al cambiar su vida de errores y pecados por una existencia consagrada al bien, al sacrificio y a la caridad.

58. Desde la infancia hasta la ancianidad, tenéis ejemplos claros de todo lo que se logra con amor y de las penas que originan la falta de caridad; pero vosotros, más insensibles que las rocas, no habéis sabido aprender las enseñanzas y ejemplos que os da el diario vivir.

59. ¿Habéis observado alguna vez cómo las mismas fieras, responden mansamente a un llamado de amor? Pues de la misma manera pueden responder los elementos, las fuerzas de la Naturaleza, todo lo que existe en el mundo material y espiritual.

60. Por eso os digo que todo lo bendigáis con amor en el nombre del Padre y Creador del Universo.

61. Bendecir quiere decir saturar. Bendecir es sentir el bien, decirlo y entregarlo. Bendecir es impregnar todo lo que os rodea, de pensamientos de amor.

62. En verdad os digo que el amor es la potencia inmutable que mueve al Universo. El amor es el principio y la esencia de la vida.

63. Estoy iniciando un tiempo de resurrección espiritual para todos, tiempo en el que haré florecer aquella bendita semilla de amor que derramé sobre el mundo desde lo alto de una cruz, anunciándoos que, cuando los hombres se amen como Yo os enseñé, la muerte habrá sido desalojada del mundo y en su lugar la vida será la que reine sobre los hombres y se manifieste en todas sus obras. (282, 13 – 14)